De caracoles y accidentes: Distribución casera


caracolillos distribuidores
El mundo está lleno de procesos ocultos que se dan por sentado: ¿Cómo se magnetizan las bandas magnéticas? ¿Quién rellena las aceitunas? ¿Cómo se fabrican las canicas?…
… ¿Cómo llegan los libros a las librerías?
 
Casi dan ganas de decir que llegan por arte de magia. Se oye un “¡puf!” sordo, y los libros aparecen en medio de una nube de purpurina.
 
Pero lo cierto es que existe un inmenso mundo de empresas distribuidoras y re-distribuidoras que se encargan de mover los libros de un sitio a otro (unas 170 según ésta infografía) – distribuidoras. También mueven mucho dinero, claro. Para contar con los servicios de una empresa distribuidora una tiene que estar dispuesta a destinar un buen porcentaje de las ganancias a tal fin. Así que para ediciones pequeñitas como la nuestra resulta casi impensable contar con un distribuidor y al mismo tiempo aspirar a cubrir los gastos de la edición.
 
Pero no pasa nada. ¡Somos jóvenes y fuertes! Decidimos hacernos nosotros mismos la distribución. Durante unas semanas nos convertimos en caracolillos, siempre con una caja a cuestas, nuestros bichos cargados en la espalda, y nos dedicamos a llevar los libros a las librerías.
 
Algunas observaciones sobre la auto-distribución, basadas en la propia experiencia:
  • Es muy aconsejable hablar con las librerías antes de llevarles los libros. No todas las librerías aceptan libros sin distribuidora, y no todas se interesan por según qué tipo de libros. Dejarlos apalabrados de antemano garantiza que el día que vayas cargada a dejarlos te van a recibir con una sonrisa.
  • Es preferible hacer dos viajes con 20 libros a cuestas, que uno con 40. Aunque sea “aquí al lado”.
  • Cuando se acerque la temporada de distribución, hay que proteger al máximo la salud de tu editor. Nosotras no lo hicimos, se nos rompió el tobillo, y tuvo que abandonar las tareas distribuidoras. La consecuencia lógica fue que para los demás aumentó la cantidad de libros a repartir… y encima no podíamos criticarle.
  • Siempre, siempre, siempre, llevar un albarán con la entrega. Es muy fácil traspapelar libros, olvidarse de cuantos se han dejado en cada sitio… es fundamental llevar el control.
  • Auto distribuirse es duro, pero mola. La gente de letras suele ser amable, y los libreros no son distintos. Fue muy reconfortante y halagador ver que gente experta recibía El Bicho con los brazos abiertos y nos comentaba lo bonito que ha quedado y lo interesante que es. Podéis ver quiénes son los libreros simpáticos que nos acogen en la sección “Encuéntralo en…”
 
A nivel emocional, empezar a distribuir tu obra supone una despedida. El Bicho empezó una historia que ya no es la nuestra. ¿Quién sabe a qué manos llegará? ¿Lo comprarán, o pasará desapercibido? ¿Será releído y sobeteado, o acabará triste en un rincón oscuro?
 
Desde el momento en que los libros abandonaron sus cajas, no hemos hecho otra cosa que desearles suerte. Puede que algunos, los menos afortunados, vuelvan a nosotras en busca de una segunda oportunidad. Otros han viajado ya a León, Madrid, Mallorca, Murcia, el País Vasco e incluso Londres. ¿Quién sabe a qué otros rincones del mundo llegará? Ésta parte de la historia ya no depende de nosotras…
2 Comentarios
  • Rosa Suñé Perera

    25 Mayo, 2016 at 8:28 pm Responder

    El principio es normalmente difícil, pero nunca hay que perder la esperanza, la posibilidad de que la gente conozca y tenga la oportunidad de ojear el libro, es de gran valor para que empiece a interesar a un gran grupo de adeptos lectores.
    Que no os falte suerte, puesto que la ilusión ya es vuestra!

  • Patricia

    31 Mayo, 2016 at 11:58 am Responder

    Muchísimas gracias Rosa y si, la ilusión es nuestra, y no la soltaremos tan fácilmente!
    Estamos realmente contentas y agradecidas de la buena acogida que ha tenido El Bicho!

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