Cuando El Bicho fue oficial

Registrando a el Bicho

 

Uno de los miedos recurrentes en artistas (noveles y no tan noveles) es el miedo al robo de ideas y de trabajos. Es el eterno dilema: Nos morimos de ganas de compartir nuestro trabajo… pero ¿y si una mente malvada se lo apropia, lo usa para beneficio propio, reclama su autoría?

Hay quien piensa que en este miedo hay mucho ego. No sólo queremos que nuestro arte guste, también queremos que todo el mundo sepa que es nuestro. A lo mejor un poquito de eso sí hay. Pero también hay un sentimiento de injusticia. No es justo que alguien reclame como suyo algo a lo que hemos dedicado tantas horas de trabajo y amor. Es indecente que alguien se lleve el mérito (o desmérito) de algo que ha encontrado por ahí. No se trata del miedo al anonimato, sino de la rabia que da ver a otro llenarse con algo a lo que no tiene ni derecho ni respeto. Si no tienes ideas propias, dedícate a otra cosa.

Así que antes de sacar El Bicho a pasear, decidimos registrarlo. Ponerle un chip, como quien dice. Para que pueda volver a casa sano y salvo si un día se pierde. Hay varias opciones para registrar una obra. Nosotras optamos por llevar nuestro Bicho al registro de la propiedad intelectual

Cuando piensas en un organismo oficial que se dedica a temas burocráticos, seguro que te imaginas despachos oscuros, ventanillas donde nadie te hace ni caso, gente gris y desmotivada. Así visualizábamos nosotras la oficina del registro: Una especie caverna sin personalidad llena de funcionarios con cara de pocos amigos.

Pues no.

Llegamos a una oficina diáfana, con una mesa enorme y las paredes repletas de obras. Nos atendió un chico amable y sonriente, un poco hípster. Se miró nuestro querido Bicho con cariño y nos guió por los intrincados caminos de los formularios oficiales con paciencia. Pero estábamos ilusionadas y nerviosas y en algunas cosas no atinábamos mucho. Y además, ese día era el cumpleaños de Anna.

En el momento de poner la fecha del registro, Anna la despistada, acostumbrada a que esa combinación de día + mes vaya seguida por el año de su nacimiento, escribió “1981”, en lugar de “2015”.

Así, por unos instantes, El Bicho fue un señor de 34 años, en lugar de un recién nacido. ¡Menos mal que existe el Tipp-ex!

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